ellos

sábado, 19 de febrero de 2011

Capitulo 5- Tengo miedo


CAPITULO 5
Tengo miedo

Estaba cansada de todo aquello, y lo tenía muy claro, Hye Sun estaba sentada en el asiento junto a la ventana, abrocho el cinturón con fuerza, era el segundo viaje de su vida en avión, ya viajo con 2 años de Corea, su país de origen, hasta Japón, y no había salido de allí hasta entonces, estaba sola y viajaba dirección a un continente que desconocía, Europa, y le fascinaba la idea, aunque  a la vez temía por su futuro incierto.
Pero sabía que debía ir allí, algo le llamaba, sentía la necesidad de ir a ese lugar.
Inglaterra no solo tenía a sus dos mejor amigos retenidos allí, sino que además sentía que en aquel lugar tenía algo que resolver, Hye Sun durmió durante la mayoría del viaje, soñó consigo misma, o quizás no, soñó con aquella figura masculina, aquel esfinge que vivía en aquel mundo fantástico que tanto le fascinaba.
Sabia que en Londres encontraría respuesta a muchas de sus preguntas.


Al llegar Hye Sun se sentó hecha un ovillo en uno de eso largos bancos del aeropuerto, solo cargaba con una mochila de mano y una pequeña maleta, iba con un gigante jersey azul eléctrico de cuello alto, de lana gruesa, unos tejanos de pitillo rotos negruscos y unas preciosas botas de plataforma de leopardo que cubrían una gran parte del bajo del pantalón, intentaba esconder su cabeza en las rodillas, temiendo el frío que debía hacer fuera, en su mano cargaba un móvil que no paraba toquetear, que inútil era ten un móvil sin saldo, y sin tener ni un teléfono útil en la agenda.
Hye Sun estaba sola, algo asustada, había ido a Londres, porque no sabía hacia donde huir, aun temblorosa, había pasado realmente muchísimo miedo viajando sola, temía que vinieran a buscarla, temía que la encontraran, y no sabía hacia donde ir, sería bueno para ella localizar a Rayjin y Fujin o quizás eso solo empeoraría las cosas, ya había pasado casi un año desde que se marcharon, y no había tenido noticias de ellos en todo ese tiempo, eso era sospechoso.
Posó su recias piernas en el suelo y con cuidado empezó a andar hacia la salida del aeropuerto, andaba lentamente como si aquello fuera evitar toparse con la dura realidad, estaba sola en Londres, y no tenía ni idea de a donde ir.
Se dirigió hacía el tren, al menos necesitaba acercarse a Londres, estaba atardeciendo, le preocupaba que llegara la noche y aun no hubiera encontrado un sitio en el que dormir.
No iba a ir a la ciudad misma, quería buscar un hostal cerca en las afueras, que le costara económico, ya encontraría trabajo y casa el día siguiente, en aquellos momentos lo más importante era encontrar donde dormir.
Bajo en una de las primeras paradas del tren, en un pequeño pueblo bastante acogedor, hacía un frió demoledor, que se metía en los huesos y lograba calase de un modo inhumano, Hye Sun respiró fuerte y salió una pequeña nube de humo, le hizo sonreír , pero noto como sus labios ya secos se agrietaban, y recordó su dura situación, empezó ha andar por aquel pueblo, cargando su maleta, y su bolsa, estaba completamente sola.
Tuvo mucho miedo, aun temía que la encontraran.
Noto un dolor muy molesto en sus tobillos, era un dolor agudo y punzante,  ya lo había tenido antes, los toco para intentar calmarlos, odiaba aquello, guardo sus maletas en una de las taquillas de la estación del tren, y aun cojeando se alejo del pueblo, dirigiéndose hacia algún lugar  mas recóndito, odiaba esos dolores, pero sabia como se solucionaban.
Desabrocho sus botas, y arremango sus pantalones, noto como el frío se colaba por ese espacio en la piernas, cerro los ojos y arrugo su cara, aquello le producía un dolor inaguantable.
Poso sus manos en sus tobillos, de los cuales asomo una pequeña pieza metálica, que intentaba emerger de allí, cogió con fuerza aquellas piezas metálicas, y estiró de ellas con todas sus fuerzas, chilló, un grito que pondría la piel de gallina a cualquiera, aquello era verdadero dolor, mientras gritaba de sus tobillos salieron unas inmensas alas mecánicas, con pequeñas partes cubiertas de pluma, las alas alearon lentamente, si llegar hacerla volar, dejando así de sentir ese dolor, se quedo echada en el suelo, intentándose recuperar de aquello, se seco las lágrimas de dolor, e intento volver a respirar con normalidad, aun tenía más miedo.
Que sucedería si alguien la encontraba en ese estado.
 Cargó  la pequeña mochila en su espalda, y correteo alejándose del pueblo, asustada, estaba sola, perdida, y era demasiado extraña.
Corrió sin rumbo, hasta encontrar un inmenso precipicio que caía en picado hasta una extensa explanada, dejó caer su cuerpo por él, sintió como caía de espaldas y cerro los ojos notando la liberta que le daba sentirse en los cielos, y empezó a planear con sus inmensas alas, aun con sus ojos cerrados logro olvidar sus problemas, sus miedos desparecieron, al sentir el húmedo césped cerca, dejó de planear para al fin caer directa al suelo, se quedó echada, aun con los ojos cerrados, notando como la húmeda hierba se movía por el viento, sintió nostalgia.
Al abrir los ojos y mirar hacia su izquierda para contemplar su nuevo hogar se encontró con una muchacha de pelo turquesa llorando sola en la hierba, parecía casi más perdida que ella misma, la miró sorprendida.
Pronto sus miradas se cruzaron, Hye Sun intento esconder sus alas entre las hiervas, pero aquello era imposible.
La muchacha se acercó lentamente a ella.
-No te asustes…eres un ángel? Un hada?
Hye Sun no sabia que hacer, y le respondió con la voz rota:
-No- la miro asustada.- Soy humana,,, pero…
Volvió a tocar sus tobillos y logro guardarr las alas, volvía a ser humana.
-Tu tienes los ojos rosas y el pelo verde, eres así? O es una peluca y lentillas.
Vistyn se avergonzó y volvió a encogerse,
-Creo que soy así.
Hye Sun sonrió:
- Me abrías asustado si no fueras así, realmente tendrías que ser muy rara para llevar lentillas rosas y teñirte de verde.¿no?
- Lo tuyo…es real?
-Las alas?
-si- Asintió Vistyn
- Si…son mías…no entiendo muy bien porque… pero son mías.
- Vaya. Lo tuyo es …más complicado que el pelo verde y los ojos rosas.
Hye Sun sonrió.
- Sabes? Tampoco me molesta, es útil y puedo esconderlo, tu en cambio… como no te tiñas, aunque es una pena tu pelo mola.
- Si a mi me gusta mi pelo – sonrió Vistyn tocándose los pelos
- Te he visto antes allí, hecha un ovillo ¿esta bien?
- No… no lo se.
Vistyn noto como las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos, se sentía desdichada, siempre se había sentido así, se relación con Vincent resultaba asfixiante y agotadora, no sentía que hubiera salida de aquella absorbente situación, y haberse sentido liberada de aquello le hacía sentir verdadero temor.
-Tengo miedo…- afirmo Hye Sun mientras miraba algo entristecida el paisaje que les rodeaba.
Vistyn la miro sorprendida, eran miedos distintos, pero ambas estaban muy asustadas.
-Yo también tengo miedo.- Afirmo Vistyn mientras se mordía cuidadosamente  el labio, intentado arrancarse un pequeño trozo de piel muerta que llevaba notando hacía varias horas.
Algunas  veces se sentía que no pertenecía a ese mundo, que allí jamás lograría ser feliz, pero cuando estuvo con Faris, no parecía tan imposible aquello, a ver encontrado alguien que la llenaba le daba miedo, si Faris no sentía por ella lo mismo… y si solo estaba jugando con ella…
Vincent, parecía ser aficionado a jugar…
Porque Faris no iba a hacer lo mismo.
Además Vistyn tenía pánico de  perder a Vincent, ella le amaba, aunque era un amor algo tortuoso, no podía evitar amarle, y deseaba cuidarlo, y procurar el bien para él, sabía que ella era un nexo de unión con este mundo y si lo abandonaba, no estaba segura de si Vincent seguiría existiendo como lo conocía hasta entonces.
Odiaba  pensar en que podía perder la esperanza, odiaba pensar en dar un paso sin saber que sucedería después, y todas aquellas in certezas no le permitían lanzarse. No quería conocer a Faris si no iba a resultar como ella soñaba, y si aquella felicidad se perdía, sería infeliz toda su vida?
Hye Sun miro a la muchacha, extrañada, ambas estaban solas y algo desorientadas, Vistyn se seco las lagrimas y le dijo:
- Tienes a donde ir? Yo estoy en las caravanas del circo, que esta cerca de esta pradera, si nos sabes a donde ir… estarás a gusto allí. No podrías quedarte mucho, pero si un par de noches, hasta que encuentres donde…
Hye Sun la miro sorprendida.
-gracias.

Anduvieron juntas y en silencio, cogidas de la mano, por aquella inmensa explanada en dirección al circo. Al llegar Vistyn saco unas llaves del bolsillo de sus pantalones, y abrió la puerta de su estrambótica e infantil caravana, y se inclino dejando pasar a Hye Sun primero, educadamente, se cruzaron las miradas y Vistyn algo cortada, y vergonzosa le dijo:
-Por cierto me gustan tu alas.
Hys Sun sonrió mientras entraba a la caravana, no dijeron nada más, se  echaron en la pequeña cama de Vistyn, durmieron abrazadas, y en silencio, hacia demasiado frío como para moverse, agradecieron estar en compañía.
El día siguiente Hye Sun oyó como alguien andaba a tempranas horas de la mañana, o quizás aun de la noche, ya que aun estaba oscuro, se despertó cuidadosamente y se asomo por la rejilla de lo que parecía un ventana de la caravana, vio a una muchacha de  piel pálida y con rasgos entre asiáticos y occidentales, con el pelo rizado y pelirrojo, andaba descalza y en pijama, y llevaba consigo un cojín, vio como se alejaba, y dejaba el cojín en el suelo, sentándose encima, y empezando algo parecido a la meditación, puesta mirando dirección hacia donde estaba apunto de amanecer, Hye Sun  la miro sorprendida.
Vistyn al notar que Hye Sun se había levantado y notar la ausencia de calor humano, se levantó frotándose fuerte mente los ojos, puso morritos y murmuró:
.Ayyy…que pasa- con una preciosa voz inocente de niña.
Hye Sun le sonrió, y con un tono mas carrasposo le dijo.
-Hay alguien fuera.
-Debe ser Lee se levanta siempre cada mañana a meditar y a ver amanecer. Es muy Zen toda ella…- mientras murmuraba aquello, volvió a taparse y se hecho otra vez.- si quieres tomar algo, en la nevera de la caravana hay leche, café y algo mas.
Todas las mañanas aquella rutina, pensó para si misma, Lee Ri acostumbraba a levantarse a ver el amanecer todos los días, estaba enamorada del sol y los colores que le ofrecía el alba, para ella era de las cosas más bonitas, poder despertarse cada mañana, y salir al campo a observar el amanecer, agradecer cada mañana poder seguir viviendo feliz en aquel mundo tan bonito.
Durante su infancia y adolescencia había visto el amanecer de miles de lugares, y ahora por fin estaban quietos, cada mañana disfrutaba del dulce amanecer de Inglaterra, y aquello la hacia sentir muy feliz, era su sueño estar en un lugar fijo y dejar de viajar sin rumbo. Además que aquel hermoso paisaje y el color grisáceo de Londres le parecían acogedores y dulces. Lee Ri estaba agradecida de poder quedarse al fin en un lugar fijo.
Salió al patio descalza y aun en pijama, se sentó en la hierva, helándose por el frío de la madrugada y sintiendo como la rosada se clavaba en sus huesos, cerro sus ojos y inspiró, al ver salir el sol se sintió agradecida de poder ver otro amanecer en aquellas tierras.

Hye sun salió de la caravana, dejado así sentir el gélido viento, ella odiaba el frío, no estaba preparadas para aquellas bajas temperaturas, miro en la caravana y  se tapo con una toalla grande de color amarillo, con unos pollitos bordados, respiro profundamente, intentado mantener  el calor de su cuerpo el máximo rato posible, y se dirigió hacia la extraña muchacha.

Lee Ri  estaba puesta dirección este, esperando que el sol saliera, los segundo antes del crepúsculo, el cielo se torno rojizo, a Hye Sun aquello le pareció precioso, noto como la energía de la luz solar entraba por toda ella, se sintió capaz de todo, crío percibir  como Lee Ri se iluminaba, quedando completamente en sombra y el sol que salía por el horizonte le causaba un efecto óptico, creando algo parecido a un aura, que le impresiono muchísimo. Sintió el impulso e acercarse a ella.

Hye Sun es puso al lado de lee Ri, en silencio, lee Ri la miro de reojo y le regalo una pequeña y suave sonrisa, volvió a entornar los ojos y siguió meditando. Hye Sun, la imito, cerrando también los ojos, y se concentro en el calor del sol, de pronto, dejo de sentir aquel frío tan glacial, y sintió que la energía de ellas se había compenetrado con al del sol.
Sintió su fuego, recorriéndole el cuerpo, aunque normalmente el frío la aterraba y la dejaba paralizada, aquella mañana apenas lo noto.
Después de aquello, se levantaron ambas en silencio, y sin decir nada,  Hye Sun se inclino hacia Lee ri, esta le sonrió y se marcho directa hacia su caravana,.
Hye Sun decidió partir temprano, y no despertar a su nueva conocida, cogió todas sus cosas y escribió en una servilleta gracias y su numero de móvil, estaba dispuesta a encontrar un trabajo. Y  sobrevivir en aquella nueva tierra.
Hye Sun partió sola. Ya no sentía ningún miedo.








No hay comentarios:

Publicar un comentario